
La mayoría de las nuevas naciones, la estructura social quedó organizada casi igual a la organizada por los colonizadores; Inglaterra ocupó el espacio de España, ampliando sus relaciones comerciales e inversiones en América Latina.
La economía de Iberoamerica sufrió crisis severas, por un lado había poco capital interno y gran escasez de inversión extranjera y por otra parte los recursos agrícolas, ganaderos y mineros estaban fuertemente devastados y por lo tanto bastante limitados para las exportaciones.
Eso provocó que la economía de los países Iberoamericanos estuviera en desequilibrio durante casi treinta años.
Entre 1825 y 1850 la economía de los países iberoamericanos se vio estancada, con diferencias evidentes en algunos de ellos. Despúes de este periodo la mayoría de estos países tenían una presencia mundial en materia de exportaciones de materias primas.
Las primeras potencias que comenzaron a invertir y a otorgar préstamos a los gobiernos latinoamericanos fueron Inglaterra y Francia, despúes Alemania, y en la década de los ochenta del siglo XVIII, Estados Unidos.
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