El crecimiento demográfico obedece fundamentalmente a dos factores: el primero fue la disminución de la mortandad en los países donde la industrialización se comenzaba a desarrollar, el segundo factor fue la migración.
Tan sólo entre 1850 y 1914 10 millones de personas europeas migraron en busca de trabajo dentro de Europa y hacia territorios de ultramar.
La vida de los obreros se tornó muy difícil y se abrió entre ellos la posibilidad de organizarse en colectivo para hacer frente a la burguesía y exigir mejores condiciones.
Algunos intentaron medidas individuales, entre las que se encontraban la superación personal, que por supuesto no daba resultados, y en otros casos la posibilidad de no tener más hijos, es decir, controlar la natalidad.
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