
Las actividades agrícolas de principios del siglo XIX necesitan buenos suelos, la industria también empezó a requirirlos, ya que para activar las fábricas de la industria creciente necesitaban de terrenos donde el agua fuera abundante y el carbón fuera fácil de obtener.
El suelo se vio afectado porque perdió su capacidad productiva debido a la erosión y la absorción de desechos industriales.
La industrialización crea ambientes completamente antiorgánicos que afectan tanto a los seres humanos como a los animales y a las plantas, también es lo que causa más enfermedades en los habitantes de la ciudad.
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